RÍO, RÍO

Tuve el privilegio de asistir a la charla del destacado experto danés en temas de agua Henk Ovink, refiriéndose al delta del río Valdivia. Lamentablemente compromisos académicos me impidieron quedarme al intercambio de ideas posterior, pero puedo rescatar algunas ideas que me impactaron. La primera la de participación ciudadana, sumándose a los mundos gubernamental, de la ingeniería y de las ciencias sociales, puesto que el dilema es más político que científico.  Esta tesis responde a un axioma aún más básico: el error más común es concentrarse en cosas y no en personas.

Quisiera agregar otra idea que, pese a no estar explicitada como tal —sino a través de la cita a Von Humboldt y su idea de la complejidad como otra cara de la misma moneda— subyacía permeando la conferencia: rechacemos la solución fácil, “evidente” y alejémonos de las ideas preconcebidas y de las creencias aceptadas como dogmas ¿Está poco claro? Como a las personas nos gustan los ejemplos concretos, pondré uno. Uno escucha por doquier, en declaraciones de autoridades, en este mismo diario, en manifestaciones de simples ciudadanos, que en Valdivia faltan puentes. Permítanme ponerlo en duda. Yo creo que el problema es que sobran autos… e inmediatamente paso a ser el idiota de la comunidad. Para que no crean que me auto flagelo, averigüen sobre la definición del idiota en la Grecia Clásica.

Antes de que usted deje de leer al idiota, permítaseme exponer un par de argumentos. Vemos en las llamadas horas peak una cantidad de autos trasportando a una persona ¡Una persona! ¿No es esto acaso lo menos económico y, por tanto, dados nuestros parámetros socio políticos, lo menos racional que se pueda hacer? Comprendo perfectamente que alguna vez se consideró la posesión de un auto como un signo de estatus, pero ahora que casi todos lo poseen ya no hace la diferencia y, con perdón, esos enormes cacharros lucientes gastadores de combustible, contaminantes, me traen un tufillo prepotente y más bien picantón.

Si tuviera más espacio podría aducir un cúmulo de argumentos a este respecto, desde propiamente antropológicos hasta estéticos, pasando por económicos y políticos. Quédese con este: seamos dignos de nuestro maravilloso río, que su belleza nos ilumine para hacerlo el camino de vida que la naturaleza nos legó.

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