LITERATURA ANTÁRTICA

LITERATURA ANTÁRTICA

Escrito para el lanzamiento del libro Algas Antárticas del Dr. Iván Gómez.

Estimados colegas, alumnos, amigos:

En primer lugar, deseo agradecer la invitación a participar en el lanzamiento de este bello libro. Espero aportar un par de notas en torno a la literatura ligada con la Antártica.

Literariamente la Antártica está en nosotros, en los genes de esta patria que llamamos Chile:

Chile, fértil provincia señalada

en la región antártica famosa…

Don Alonso marcaba a Chile con la Antártica, la anti Ártica, el otro lado del mundo. Era lo más extremo que el poeta podía expresar. La Antártica, la región entonces solo adivinada por oposición al ártico septentrional.

La literatura de ficción Antártica comenzó hace cuatro siglos con la publicación en 1605 de Mundes Alter et Idem, del británico Bishop Joseph Hall. Qué bueno eso de Mundes Alter et Idem!: mundo otro y mismo. Otro mundo, diferente a nuestro mundo cotidiano y, sin embargo, tan relacionado a nuestra suerte futura.

Claro que el libro trata acerca de un viajero que encuentra a la Antártida poblada de glotones, borrachos y excéntricos. Yo no he estado allí, pero seguro se encontrará al menos algunos excéntricos. Del resto no me pronuncio.

Ya en el siglo XIX, y con algunos avances más bien de comerciantes, cazadores de mamíferos acuáticos, lobos, nutrias, ballenas… y también algunos geógrafos y naturalistas, la Antártica representa para el mundo culto de la época lo desconocido, lo terrorífico, lo ominoso (claro nada más umheimlich que ese continente desconocido; nada menos cercano al hogar tibio, acogedor, seguro) y tenemos La narración de Arthur Gordon Pym, de Poe, una pesadilla hecha justamente de lo ominoso. Narración que continúa en La esfinge de los hielos,  homenaje de Julio Verne a su admirado Edgard Alan Poe, en el mismo tono terrorífico.

Lo aventurero tiene un gran exponente entre nosotros: Francisco Coloane, quien visita la Antártica en 1947, como parte de la Primera expedición oficial. Esto es, después de publicada en 1945 su magnífica novela breve Los conquistadores de la Antártica  ¿Reescribiría partes del libro don Pancho después de su viaje? Porque hay descripciones paisajísticas tan vívidas que resulta difícil imaginarlas el resultado de tan solo lecturas y documentos gráficos:

En la parte en que la Antártida empezaba a confundirse con los hielos continentales del Polo apareció una montaña cubierta con nieves eternas hasta el mar, en cuya pendiente dos interminables cintas oscuras se movían como la orugas de una escalera mecánica o de un andarivel que por un lado subía lentamente y por el otro bajaba con una velocidad vertiginosa.

Habría que consultar la 1ª edición en la Biblioteca Nacional y compararla con las posteriores. Yo releí la décimo octava edición Zig-zag de 1986. Curiosamente la obra aparece con un copyright de 1973 ¿Sería esta una nueva edición que incluiría nuevos relatos de paisajes post visita del autor al continente blanco? Tarea para los estudiosos de la obra del gran Coloane.

Por otra parte, en su libro Naufragios y rescates, la narración El fantasma del Antártico y otras expediciones al sur del mundo, el Premio Nacional de Literatura nos relata:

Recuerdo el mes de marzo de 1947, en el comienzo de la primera expedición chilena hacia la Antártica en la que yo participé (…)

Y relata de las temperaturas y los vientos. También aquí hace extensas descripciones de fauna, flora y paisaje:

Afortunadamente, a veces tuvieron (los protagonistas de la narración) algo de sol que les permitía ver, sobre el oscuro y brumoso mar, un bellísimo paisaje con montañas escarpadas y cimas cubiertas con nieves eternas. Los extensos valles desnudos de vegetación, salvo un musgo o liquen perdido,  dejan pasar las torrenteras que se despeñan de los glaciares y se lanzan al mar.

Volviendo a Los conquistadores señala respecto de la fauna:

Así fueron hallando los ejemplares más extraordinarios de la fauna que puebla esa región: el lobo de dos pelos y de un pelo; la foca peluda  —la foca cangrejera o de Wedell, que es la mejor—  tan buscada por su aceite como por su piel; la morsa; el elefante y el leopardo marinos, dos especies curiosas de animales del mar cuyos nombres les han sido dados por las semejanzas que guardan con sus congéneres terrestres…

Los biólogos antárticos aquí presentes podrán afirmar o negar la narración de don Pancho, que con los escritores nunca se sabe.

Y ahora lo más sorprendente, porque tiene relación con lo que hoy nos convoca:

…comprendió que se encontraba con la famosa “alga antártica”, cuyas hojas tienen más de quinientos pies de largo…

El Agamaca  —nombre del barco de los osados conquistadores— intentó por tres veces más atravesar la zona de algas y le fue imposible.

Pues aquí, hay que dudar del conocimiento científico de don Pancho, ya que según nuestro autor, Iván Gómez, el Himantothallus grandifolius, el gigante de la algas antárticas puede medir hasta 10 metros de largo… muy lejano de los 500 pies del novelista; y tampoco vive cercano a la superficie del mar. Y tiendo a creerle más a Iván.

¡Qué importa! Don Pancho pinta de heroísmo la lejana frontera del hielo. Y el heroísmo, tan maltrecho en estos días, brota de sus páginas como un canto a la humanidad.

 

La poesía

Los poetas no tienen estos problemas de verosimilitud. Menos que todos, Neruda, cuya poesía es tan verdadera que no requiere referentes empíricos. Menos en el caso de las piedras amadas  —la piedra es el símbolo de lo eterno—, que podrían ser de la luna para el caso, pero que son, al menos para mí, pobre profano, magníficas, sólidas y reales, PIEDRAS ANTÁRTICAS:

 

ALLÍ termina todo
y no termina:
allí comienza todo:
se despiden los ríos en el hielo,
el aire se ha casado con la nieve,
no hay calles ni caballos
y el único edificio
lo construyó la piedra.
Nadie habita el castillo
ni las almas perdidas
que frío y viento frío
amedrentaron:
es sola allí la soledad del mundo,
y por eso la piedra
se hizo música,
elevó sus delgadas estaturas,
se levantó para gritar o cantar,
pero se quedó muda.
Sólo el viento,
el látigo
del Polo Sur que silba,
sólo el vacío blanco
y un sonido de pájaro de lluvia
sobre el castillo de la soledad.

Otro magnífico poema podrán encontrar como epígrafe general de la obra que nos convoca. Se trata de un fragmento de la Oda a las Algas del Océano. Allí está y allí podrán leerlo.

Conclusión

Ahora no se oye de literatura antártica. Quizás ha perdido su misterio o… son los hombres de ciencia, como Iván y sus colegas, quienes están haciendo literatura basados en la maravilla y el amor de todo lo que allí ven. Y cómo no sentir que esto es literatura cuando, de una parte, se crea un objeto bellísimo: este libro dedicado a la flora marina antártica, y de otro, que el libro finaliza con un llamado de urgencia. Cito:

Una activa divulgación de los temas antárticos a la sociedad, puede ser  la mejor vía de acercar la Ciencia Antártica a nuestros ciudadanos más jóvenes. Con estas iniciativas se podrá internalizar los valores que inspiraron el Tratado Antártico: la Antártica como un continente de todos, destinado a la investigación científica y para uso pacífico.

Muchas gracias.

 

 

Un comentario en “LITERATURA ANTÁRTICA

  1. Verónica Valenzuela dijo:

    Macanuda, al decir de Maese Papelucho, relación de las literaturas de la Bella Antártica… además de muy bella. Dan ganas de echarse la mochila al hombro y ajustarse bien el gorro de lana cruda y partir no más, a conocer las algas, el lobo de dos pelos y la foca peluda y todas esas maravillas que habrá por esas tierras de todos.

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