URBE ET UBRE

Se ha equivocado el cronista o los duendes del diario han metido su traviesa mano: “La expresión correcta es urbi et orbi”, dirá usted. Pues, no paciente señora, señor, los duendes no han metido mano y el cronista ha querido escribir lo que se lee: urbe et ubre.

¿Pero a propósito de qué este juego de palabras? Ruego un poco de paciencia y léase lo que a continuación exponemos.

Hemos contemplado con estupor el espectáculo de escasa sensatez protagonizado por parlamentarios, que rechazaron la idea de que los gobernadores regionales fuesen elegidos por aquellos a los que van a gobernar. El asunto parece de lógica elemental. Así funciona la democracia ¿no? Sin embargo, los opositores a la medida han desplegado una aparentemente maciza argumentación para estar de acuerdo, absolutamente de acuerdo, con la idea, pero… votar en contra. Que si esto y lo de más allá. Que igualdad y que desigualdad. Que… ¡Qué hipocresía!

Los provincianos estamos lejos de aquellos centros de poder donde se cocina —uso el verbo intencionadamente, por supuesto— el destino de Chile, pero no somos, al menos no todo el tiempo, estúpidos. Se nos pasa después de las doce, reza el dicho popular. Sabemos de lo que se trata, no tan solo en el fondo, sino también en la superficie. Y lo sabemos porque es bastante fácil deducirlo: la urbe no quiere perder la ubre de la que mama y ha mamado durante toda nuestra vida republicana ¡Y cuánta leche ha corrido bajo el puente desde aquellos tiempos!

Y, ya que estamos de “zoo metáforas” (se perdonará el neologismo) ¿será la culpa del chancho? Hasta cuando seguimos pasivamente los dictados de una clase política cuya podrición se generaliza a ojos vistas y cuya defensa de los propios privilegios no puede calificarse de otra cosa sino de desvergonzada.

Van a hacer pronto diez años que celebramos una larga lucha por volver a ser lo que nunca debimos dejar de ser. Es hora, urgente hora, que emprendamos ahora la lucha por nuestra autonomía para que los agentes del poder central tomen nota de que no somos párvulos tomaditos de los pueriles delantales, que son guiados por una autoritaria madrastra llamada urbe, cebada en sus delirios de poder, que nos dice qué hacer y cómo. Que no quiere soltar la ubre.

Escribí autonomía: lea usted la palabra como su buen juicio le indique.

 

Un comentario en “URBE ET UBRE

  1. Verónica Valenzuela dijo:

    …yo diría simplemente zoometáforas; bella imagen que nos sirve para bellas críticas (sí, leyéndolo a su merced, se ve que las críticas pueden ser bellas si tienen esa invisible, pero contundente evidencia de una inteligencia despierta… a veces los hombres, ya sabe).
    Qué placer que despierte su blog.
    Y no digo más… harinas de otros costales se dejan para otros comensales.

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